Fórmula 1
Hace 45 años, Lauda escapaba de la muerte
Hace 45 años, Lauda escapaba de la muerte

01/08/2021

Durante el Gran Premio de Alemania de 1976, en Nürburgring, el austríaco Niki Lauda protagonizó un fuerte accidente con su Ferrari.

El 1º de agosto de 1976 quedó marcada en la historia del automovilismo, y de la Fórmula 1, como el día en el cual Niki Lauda sobrevivió a uno de los espeluznantes accidentes que se registraban entonces en el mundo de las carreras y que tuvo al austríaco como uno de los pocos que pudo continuar su campaña a pesar de las quemaduras que sufrió y lo marginaron durante 42 días de la actividad.

La jornada en aquél primer domingo de agosto de hace 45 años, amaneció con cielo plomizo y algunos chaparrones sobre el circuito de Nürburgring. A la hora de la largada del Gran Premio de Alemania, las condiciones seguían complicadas, y tras las dudas entre los jefes de equipos y los pilotos sobre qué neumático calzar luego de 30 minutos de demora se puso en marcha la prueba, con la puja entre Lauda y rival directo por el campeonato, el británico James Hunt, quien con el McLaren había marcado la pole, tras 7m06s5, nueve décimas más rápido que la Ferrari del austríaco.

Al comprobar que el extenso trazado del Eifel de 22,835 kilómetros contaba con sectores secos y otros con charcos, que supuestamente no afectaban el andar de los autos, Hunt, Lauda y otra docena de pilotos pararon en boxes al cumplir la primera vuelta para colocar neumáticos lisos, y dejar de usar los ancorizados. En pista, el alemán Jochen Mass -compañero de Hunt- había largado con slicks y superó al March de Ronnie Peterson, para dominar el GP, en tanto que Hunt y Lauda retornaron a la fila india pero después del puesto 10.

Lauda era 16º en el paso del segundo giro, conduciendo con precaución su 312 T en el Nordschleife. Cuando transitaba en la gran curva a la derecha siguiendo la horquilla de Bergwerk, la Ferrari presenta una falta de adherencia en la parte trasera derecha, patinando a gran velocidad y gira hacia la derecha, impactando contra el terraplén y rebotando hacia la pista. Esto provoca que el tanque de combustible se perfore, derrame el líquido y genere las llamas que envolvieron al coche.

El austriaco perdió su casco en el choque, pero está consciente. Sin embargo, le es imposible desengancharse el arnés y queda atrapado en las llamas. Colin Edwards, Brett Lunger y Harald Ertl, quienes lo seguían en el orden de carrera, se detuvieron y salieron de sus autos para tratar un rescate, pero el fuego les impide a sumergirse en él. Un asistente de pista llega con un extintor; tampoco ayuda. Lauda se muestra confundido.

Cuando el caos e incertidumbre se acentuaba, de repente llega Arturo Merzario quien detuvo su auto, y sin dudarlo, se sumerge en las llamas, arranca el arnés de Lauda, ​​lo agarra y logra extraerlo con la ayuda de Edwards, en un gesto heroico del italiano. Lauda consigue dar unos pasos antes de colapsar sobre la hierba, tras permanecer unos cincuenta segundos en el fuego. Todavía consciente, pero su rostro está completamente quemado y ensangrentado.

La ayuda tarda en llegar: debido a la longitud del circuito, solo están presentes cinco minutos después de la tragedia. Mientras los bomberos controlaban el incendio, Lauda fue rápidamente colocado en una camilla y evacuado con urgencia al hospital de Adenau.

Mientras la Ferrari de Lauda y el Ligier de Jacques Laffite son remolcados a boxes, todos los pilotos están preocupados por el destino de Lauda. Carlos Reutemann se enoja con la ayuda que llegó demasiado tarde. Profundamente conmocionado, Chris Amon decide abandonar la carrera... pero sorpresivamente Daniele Audetto vino a buscarlo para ofrecerle, contra pago alguno, ¡ocupar su lugar en la muletto Ferrari para la segunda largada! Otros tiempos de Fórmula 1.

El principal daño para mí fue inhalar todas las llamas y los vapores mientras estaba sentado en el automóvil durante unos 50 segundos. Hacía algo así como 800 grados", recordó Lauda sobre ese accidente, y su recuperación para retornar en el GP de Italia, apenas cinco semanas después, cuando retornó con su cabeza vendada y con las heridas aún sin cicatrizar para demostrarle al mundo que seguía tan competitivo como antes.